Símbolos del tiempo, los cronógrafos, las fases de la luna y otros calendarios, que durante mucho tiempo suscitaron un entusiasmo muy masculino, hoy ya no son un misterio para las mujeres atraídas por la tecnicidad de las complicaciones. En 2012, con su experiencia relojera ancestral, la Manufactura Jaeger-LeCoultre se dedicó a responder a las expectativas de este nuevo público conocedor. Su deseo se ha hecho realidad con una nueva colección que ofrece una simbiosis ideal entre bella relojería y feminidad. Así nació el reloj Rendez-Vous.

La seducción de hoy adopta nuevas vías. La belleza se construye con el tiempo y no contra él. Concebido y desarrollado con esta filosofía, el reloj Rendez-Vous ofrece sus trazos únicos para encarnar a la mujer contemporánea. Para ella, Jaeger-LeCoultre ha elegido dotar a la colección con todas sus innovaciones desarrolladas en el seno de la Manufactura del Valle de Joux. Cada avance técnico, cada sorprendente funcionalidad, enriquece el corazón relojero de esta colección con una estética intensamente refinada.

El nacimiento de una línea emblemática

La génesis del reloj Rendez-Vous se inspira, ante todo, en los códigos clásicos de la Manufactura, cuya esencia ha logrado extraer para magnificar la carrera del tiempo. El Rendez-Vous posee el vocabulario y la gramática de aquellos años que atribuyeron una gran importancia al estilo denso y puro. Los tan característicos dígitos de las horas han estirado su silueta contemporánea para conferirle una elegante seguridad al rostro del reloj. Las miradas se sienten irresistiblemente atraídas por el motivo guilloché realizado según la tradición ancestral de este arte decorativo. El Rendez-Vous reserva la finura de su ornamentación a aquellos que se acercan lo suficientemente a su esfera para abrazar con la mirada la sutileza de su dulce relieve.

La estética de esta colección constituye un vínculo entre el saber hacer artesanal de la Grande Maison y su libertad de creatividad. El punto de equilibrio se alcanza cuando, paradójicamente, el tiempo no tiene control sobre el reloj. Tan expresivo y fácil de reconocer entre los demás, cada nuevo reloj Rendez-Vous tiene el poder de sorprender mientras tranquiliza a quien lo descubre.

Relojero, de espíritu y de corazón

La graciosa y elegante silueta del Rendez-Vous atesora un movimiento mecánico de carga automática que palpita con regularidad y sin fallas, y cuya masa oscilante se puede admirar a través del cristal de zafiro del fondo de la caja. El movimiento desvela maravillosos acabados, realizados con el mayor respeto de la más pura tradición de la Alta Relojería. Sin ostentar, estos refinados detalles aportan un toque de sofisticación al reloj.

Para Jaeger-LeCoultre, inventar es un credo. Desde las funciones más tradicionales hasta las complicaciones más prestigiosas, sin olvidar las innovaciones que requieren muchos años de investigación en el seno de la Manufactura, la creatividad relojera de Jaeger-LeCoultre se manifiesta en la línea Rendez-Vous. Sin compromisos, pero con una sola exigencia: armonía entre estética, funcionalidad y proezas técnicas.

Un reloj para vivir

Cómplice de los días y de las noches, el reloj Rendez-Vous pone en escena la vida cotidiana con un dominio y una confianza fascinantes. Para las mujeres activas, la legibilidad de la visualización es esencial. Todas y cada una de las informaciones que destila el reloj al ritmo de sus distintos modelos se proponen bajo un ángulo de funcionalidad y de placer. El indicador día y noche, junto con su delicada puesta en escena, o las fases de la luna permiten vivir al ritmo del astro más femenino. Ya se trate de la ergonomía de un pulsador que se activa delicadamente o del brazalete ajustable a la perfección, la inquietud por el detalle solo tiene un objetivo: asegurar la ósmosis entre el reloj y la mujer que lo lleva.

JAEGER-LECOULTRE Y LAS MUJERES, UN AMOR ETERNO

Para una mujer, llevar un reloj es todo un arte, y esto desde el siglo XVI. En colgante, anillo o en pendiente, acompañada de su llave en la extremidad de una cadena, la joya relojera firma su pertenencia a la más elevada condición.

Jaeger-LeCoultre siempre ha otorgado una atención muy particular a las creaciones femeninas, no solo a su estética sino también a su mecanismo. Este interés muy real se manifiesta desde la década de 1880, cuando la Manufactura desarrolló los primeros movimientos redondos de muy pequeño diámetro, entre los que destaca el Calibre LeCoultre 7HP. Este movimiento instrumenta relojes preciosos, esmaltados y muchas veces engastados con diamantes y perlas, que se llevan en torno al cuello.

El siglo XIX fue testigo del nacimiento del reloj de pulsera. Tras la llegada de los trajes sin mangas del Directorio y del Imperio, que desvelaban brazos y muñecas, los joyeros visionarios tuvieron la brillante idea de decorarlos con joyas y ceñirlos con delicadas piezas. Algunos integran un mecanismo relojero. De este estilo nació una revolución. El reloj de pulsera, que inicialmente era una especialidad femenina, muy pronto sedujo al público masculino, convirtiéndose, sobre todo, en un vector de la expresión de la personalidad. Accesorio por excelencia, el reloj de pulsera es esencial y desvela todo de la persona que lo lleva.

Rendez-Vous Ivy, la belleza eterna de la relojería

La colección Rendez-Vous de Jaeger-LeCoultre se inspira en una trinidad que la hace singular: en cada reloj se dan cita una estética clásica, un corazón relojero dotado de una o varias complicaciones y unos elementos artísticos exclusivos e insólitos que le aportan el toque de gracia. Para sus recientes creaciones, la Grande Maison ha elegido además un elemento estético y simbólico común: la hiedra. Su presencia abre las puertas de una tierra de abundancia, de una prosperidad reservada a los reyes y grandes de este mundo.

Un simbolismo apasionante

Con sus hojas que nunca palidecen y su vigorosa arborescencia, la hiedra emana una vitalidad que en numerosas culturas encarna la idea de lo eterno. Su resistencia se ha asociado a una forma de amor indestructible, capaz de superar todas las pruebas a las que nos somete la vida. Y es que la hiedra, siempre inmutable, pervive a lo largo de las épocas con una singular obstinación.

En la Antigüedad clásica, su hoja carnosa sirvió de inspiración para representar el corazón, órgano de la vida y sede de las pasiones. Se trenzaron con ella coronas que ciñeron las cabezas de los atletas. En Roma, también se empleó en las representaciones de los sabios y eruditos. Emblema de lealtad, fidelidad y reconocimiento, ejerce desde entonces una potente seducción, que se manifiesta en la decoración de todos los estilos y épocas.

Ornamentación universal

La hiedra ha inspirado con fervor la creación. Encontramos sus arabescos vegetales en los manuscritos ilustrados de la Edad Media. Luego, desde el Barroco hasta el Rococó, se adopta para ornamentar frisos. Poco después, se presta al sorprendente estilo de decoración de la época victoriana, ornamentando los papeles pintados de las casas señoriales en las que destacan las lámparas Tiffany. En orfebrería, los temas naturalistas son el esplendor del Art Nouveau, y la hiedra forma parte de esta decoración.

En el patrimonio de Jaeger-LeCoultre, sus rasgos se muestran por primera vez hacia 1890 en un reloj de bolsillo con fondo esmaltado rojo escarlata decorado con hiedras engastadas con diamantes. En esta creación, la hiedra no solo rinde tributo a la opulencia con las tiaras reales de las cabezas coronadas, sino que también se expande en una profusión de gemas preciosas con su fuga característica. En 2008, la Grande Maison se inspiró en ella para crear un aderezo extraordinario, editado en una pieza única en la que una hiedra de apariencia increíblemente realista se convierte en la preciosa alegoría del glamour.

RENDEZ-VOUS IVY TOURBILLON, EL PLACER DE UNA COMPLICACIÓN EMBLEMÁTICA

El tourbillon, un actor magistral

Menos de un año después del lanzamiento del Rendez-Vous Ivy Minute Repeater, que sedujo por el encanto de su melodía pura y femenina, la magia vuelve a hacer acto de presencia con una complicación emblemática de Jaeger-LeCoultre. En esta nueva creación, el tourbillon expone la mecánica de altos vuelos con su jaula móvil, que efectúa una vuelta por minuto sobre sí misma con independencia de la posición adoptada por la muñeca, compensando así las variaciones de marcha del reloj ocasionadas por la gravedad terrestre.

Las miradas, atrapadas por sus cautivadoras revoluciones, convergen irresistiblemente en el tourbillon. La apertura sobre esta complicación relojera emblemática luce una destellante hilera de diamantes que forman una delicada diadema. La hiedra, auténtica protagonista de la escena, también impulsa el tourbillon para eclosionar sobre la esfera.

Una esfera con un encanto bucólico

Como una guirnalda cuyo corazón sería el tourbillon, las hojas de hiedra se despliegan en volutas. A la altura de las 3, las 6 y las 12, la arborescencia culmina en los dígitos de las horas, tan característicos de la colección Rendez-Vous. Se desprenden como las graciosas flores de un bouquet estilizado.

Esta pieza luce dos tipos de guilloché. Uno clásico en la superficie de la esfera y otro con un efecto vegetal, que reproduce las nervaduras de la planta. Para sublimar la complicación, Jaeger-LeCoultre eligió una tonalidad ciruela, sumamente elegante y contemporánea, que se conjuga con una decoración estilo encaje orgánico. Este color, destacado por un esmalte translúcido, se ilumina por debajo del destello del engaste del bisel, de las asas y de la corona. Para consagrar la sofisticación de esta pieza realizada en oro blanco, la banda de la carrura, así como una parte de la hebilla del brazalete, también están engastadas. El Rendez-Vous Ivy Tourbillon está animado por el Calibre Jaeger-LeCoultre 978, que ofrece el confort de uso de un movimiento de carga automática. Además, sus 39 mm de diámetro lo convierten en un reloj muy agradable de llevar.

Cada nuevo día permite redescubrir con felicidad la decoración estilo hiedra del Rendez-Vous Ivy Tourbillon y su mensaje de afección eterna. Esta es la deliciosa promesa de esta nueva creación.

RENDEZ-VOUS IVY SECRET, EN TRAJE DE GALA

Una primicia para la colección Rendez-Vous

Himno a la mujer, la colección Rendez-Vous explora los distintos rostros de aquellas que trazan su camino con pasión. El acabado de cada modelo permite variar los placeres y aprehender los matices de una personalidad. Una complicación sabia y fácil de llevar. Y un oficio exclusivo, delicado y sutil. Con esta nueva obra, Jaeger-LeCoultre propone un traje de gala que se ofrece a las miradas como una creación preciosa y enigmática. El Rendez-Vous Ivy Secret es el primer reloj-joya de la colección femenina de Jaeger-LeCoultre y tiene la apasionada vocación de ayudar a deslumbrar a la mujer que lo leve.

Inspiración Alta Joyería

Esta pieza de excepción se inspira en la estética de un reloj perteneciente al patrimonio de Jaeger-LeCoultre, que en el momento de su creación, en los años sesenta, impresionó por la suntuosidad de su engaste. Hoy vuelve con los rasgos de la colección Rendez-Vous, con una intención más gráfica que la del reloj original. El Rendez-Vous Ivy Secret alcanza el punto de equilibrio entre el encanto de una joya antigua de colección y la fuerza de expresión de una creación contemporánea.

Tres tipos de diamantes –talla brillante, baguette y marquesa— perfilan sobre la tapa ligeramente abombada una flor, dotada de una belleza infinita, que parece estar plasmada tras el cristal. El talento del engastador se puede apreciar en la manera en que enaltece cada uno de los 304 diamantes que ornamentan el Rendez-Vous Ivy Secret y multiplica el destello de las gemas eternas. Este trabajo no solo requiere de mucha reflexión, sino también de un gran dominio técnico. El maestro artesano compone con el brillo de cada piedra, que se une al conjunto y lo realza, para finalmente crear un paisaje de luz. Llevar en la muñeca el Rendez-Vous Ivy Secret se convierte entonces en una experiencia única. El reloj se ilumina al ritmo de cada movimiento y parece estar dotado de vida propia cuando refleja sutilmente hasta el más mínimo rayo de luz.

Silencio… ¡es un secreto!

Como una confidencia, o un secreto que se desvela con mucho pudor, la tapa del reloj se abre para entrever la hora sobre la esfera. Entonces descubrimos los códigos de la línea Rendez-Vous: los dígitos arábigos estirados que se alternan con los diamantes sobre la superficie tornasolada del nácar blanco. La esfera con reflejos irisados es una oda a la gracia de los oficios exclusivos e inauditos. Las hojas de hiedra están grabadas y pintadas a mano, para enaltecer el motivo con precisión y poesía. Como en un silencioso fresco, la hiedra queda fijada para siempre bajo el cristal, ajena al paso del tiempo.

El hechizo y el fulgor de esta pieza, que revela la escritura estética de Jaeger- LeCoultre, cautivan las miradas. Así es la visión creativa de la Manufactura, en la que cada detalle desempeña un papel preponderante en la construcción del conjunto. Así, en esta pieza íntegramente realizada en oro blanco, el canto de la caja está grabado con un elegante motivo estilizado. El brazalete, ligeramente rígido para que se ciña perfectamente a la muñeca, está compuesto por una doble hilera de diamantes que iluminan alegremente el pulso. El Rendez-Vous Ivy Secret enlaza la piel presionándola delicadamente, y su recuerdo permanece grabado para siempre.

Como un corazón que encapsula el deseo, el Rendez-Vous Ivy Secret palpita al ritmo de un minúsculo movimiento, creado gracias a la pericia que Jaeger-LeCoultre ha cultivado en materia de miniaturización desde hace más de cien años.

Rendez Vous Ivy Tourbillon

FICHA TÉCNICA

Movimiento:

• Movimiento mecánico de carga automática, Calibre Jaeger-LeCoultre 978.

• 45 horas de reserva de marcha.

• 302 piezas.

• 33 rubíes.

• 7,10 mm de grosor.

Esfera:

• Esmalte translúcido grabado.

Agujas:

• Florales.

Funciones:

• Horas, minutos, segundos, tourbillon.

Caja:

• Oro blanco engastado con diamantes.

Brazalete:

• Satén.

Referencia:

• Q341 34 E3.

Rendez-Vous Ivy Secret

FICHA TÉCNICA

Movimiento:

• Movimiento mecánico de cuerda manual, Calibre Jaeger-LeCoultre 846/1.

• 38 horas de reserva de marcha.

• 93 piezas.

• 18 rubíes.

• 2,90 mm de grosor.

• Encajado: 15,3 mm de diámetro.

Esfera:

• Nácar transferido y pintado a mano.

Agujas:

• Florales.

Funciones:

• Horas-minutos.

Caja:

• Oro blanco grabado a mano sobre el canto.

Brazalete:

• Oro blanco, engastado con diamantes grises.

Referencia:

• Q355 33 07.